Las casas de los famosos en el punto de mira

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No sé si os habéis dado cuenta de que la personalidad de los famosos se refleja en la decoración de sus casas de forma escandalosa. Esto es algo que nos pasa a todos, tengamos fama o no, pero como todo depende del dinero que se tenga para invertir en el diseño de las estancias, suele ser con las celebrities que muestran sus hogares a revistas del corazón con quienes más podemos notar estas cosas, porque a esas personas dinero no les falta precisamente.

En este artículo de Divinity.es podemos ver algunos ejemplos de lo que os hablo. Mientras que la casa de Sara Carbonero tiene una elegancia sencilla donde podemos observar colores neutros, humildad y un toque “cool” la humildad de la princesa Corinna brilla por su ausencia. Tiene todas las paredes de su casa recargadas con decoración extravagante y que llama la atención notoriamente mires adonde mires. A mí este estilo no me gusta pero si lo que quiere es demostrar que tiene dinero lo consigue, la verdad sea dicha.

La casa de Pablo Iglesias es un tema aparte porque no puede ser más fea, y no creo que tenga nada que ver el tema económico sino más bien con lo descuidado que seas o lo poco que te importe el lugar en el que vives. Si comparamos su casa con la de Alaska y Mario es para caerse hacia atrás y no levantarte porque lo de esta pareja no puede ser más kitsch. Tiene una estética totalmente pretenciosa y cursi donde el rosa es el color triunfal en todas las estancias. Yo acabaría con dolor de cabeza si viviera ahí. Pero lo más gracioso es que me he dado cuenta, gracias a ellos, de que todo depende de con qué lo combines porque les he visto una silla preciosa que mi madre tiene en el salón también y que en el salón de estos dos parece un pegote más dentro de su locura. La silla en cuestión se la regalé yo a mi madre del fabricante Sillas-Valls y os puedo asegurar que es una pasada pero ellos la destrozan con todo lo que tiene alrededor.

La casa de Jesulín de Ubrique parece sacada de un cuento de terror. Tiene animales disecados por todo el salón y a cuál de ellos más horrendo. No sé cómo hay gente a quien puede gustarle eso pero ya se sabe eso de que “para gustos los colores” ¿no? A mí debe de ser que me gusta un color totalmente contrario al de este hombre porque es ver una imagen de su casa y darme ganas de echar a correr y no parar hasta que no haya cruzado las fronteras o, como mínimo, haya salido de los términos municipales de Ubrique.

Y, por supuesto, la cúspide del glamour y lo barroco, la casa de Isabel Preysler. A mí tampoco me gusta ese estilo. Podríamos decir que yo, de todas las nombradas, me quedo con la decoración de la casa de Sara Carbonero pero tampoco es de extrañas porque por edad es la más cercana a mí así que supongo que esto va por modas… ¿no?

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